Estamos obsesionados en intentar darle a nuestros hijos todo cuanto podamos, y también más de lo que podemos. Los llenamos de regalos como si navidad fueran todos los días, incluso si no han hecho nada para merecerlo.
Trabajamos más para poder comprarles todo tipo de artilugios, a veces con luces destellantes, otros con sonidos estruendosos, teledirigidos, multimedia e incluso ecológicos! que ahora esta de moda. Lo que si esta claro es que más pronto que tarde, terminan juntando polvo en algún rincón oscuro de algún armario o cajón, esperando a su próximo vecino; una esponja parlanchina que vive bajo en agua o quizás un súper coche de unos perritos que patrullan la ciudad. La cuestión es que al parecer cuantas más cosas les regales, más rápido pierden la ilusión por ellas. La relación es inversamente proporcional y no falla. De la misma manera, cuanto menos tienes más utilizas la imaginación y el ingenio. Yo recuerdo hacerme pelotas de trapo, castillos con sábanas, espadas y coches con trozos de maderas y tapas de botella.
Es cierto que no hay un manual para ser un buen padre, bueno en realidad venden algunos pero son un timo. Creo que ningún libro te puede ayudar a ser un buen padre y menos si no estas en tu casa para poder ejercer el papel de padre. No hay recetas mágicas. Amor, paciencia y obviamente pasar tiempo con él.
A mi me costo un año y un mes darme cuenta de eso y fue de la siguiente forma; Era navidad y me había tocado trabajar por la noche. Estaba sumamente cansado y no había tenido tiempo de comprarle un regalo a mi hijo que apenas tenia un añito. Al llegar a casa por la mañana, me sentía triste, casi abatido pensando que llegaría con las manos vacías. Al entrar en la habitación, el ya estaba despierto y fue verme y se le ilumino el rostro. Me regalo una sonrisa enorme! Luego vino gateando sobre la cama a saludarme. En ese momento entendí que nada de lo que le hubiera podido comprar, hubiera cambiado el amor que mi hijo me estaba demostrando. Solo necesitaba verme. Tan simple como eso. Ese día comencé a regalarle a mi hijo tiempo. Disfruto con él todas las tardes y por suerte cada vez más noches. Paseamos, jugamos, nos reímos, fabricamos castillos y coches con cartones, bailamos y luego miramos dibujitos o reinventamos las historias de sus libros.
He tenido que tomar algunas decisiones y hacer cambios en mi vida para poder conseguir este tiempo. Ahora trabajo menos porque necesito menos. Yo también entendí que necesitaba tiempo y no cosas. Tiempo para disfrutar de mi familia, tiempo para ver crecer a mi hijo y para crecer yo como persona, tiempo de sentirme libre, de hacer cosas que realmente me llenan.
Otras de las cosas que me impulso a dar este cambio ha sido mi salud. Sin entrar en detalles, mi salud se vio afectada al punto de tener un gran susto. Aunque siempre he disfrutado de la vida o al menos eso creía, fue necesario un toque de atención para darme cuenta del gran regalo que se nos da.
Dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo a perseguir humo y nos obsesionamos por acumular lo que no nos podremos llevar. Somos tan irracionales que necesitamos ver a la muerte de cerca para hacer cambios radiales en nuestras vidas, o para cambiar por completo nuestra escala de valores y prioridades.
Si todas las personas que pasan por una experiencia de esta magnitud, llegan a la misma conclusión… ¿por qué seguimos cometiendo los mismos errores? Es necesario llegar a ese punto limite para quitarnos la venda de los ojos?
A veces, antes de seguir el viaje, debemos parar, revisar el mapa y ver si seguimos en el camino correcto….

Saludos!!!!!!!